Un grupo de investigadores suecos revisó los registros de 20 años y descubrió que el número de ataques cardíacos bajaba los lunes después que cambiaban los relojes una hora, del horario de ahorro de luz diurna al horario estándar, posiblemente porque la gente ganaba una hora más de sueño.
Pero el adelanto de hora parecía producir el efecto contrario. Había más ataques cardíacos en la semana posterior, particularmente en los tres primeros días después del cambio.
“El sueño _por medio de una variedad de mecanismos_ afecta nuestra salud cardiovascular”, dijo la doctora Lori Mosca, directora de cardiología preventiva en el Hospital Presbiteriano de Nueva York, que no participó en el estudio. Las conclusiones demuestran que “el sueño no solamente influye en cómo nos sentimos, sino que también puede afectar si desarrollaremos o no una afección cardíaca”..
Los investigadores apelaron al amplio registro sueco de ataques cardíacos para ver si los desajustes del sueño y el reloj interno del organismo causados por un cambio de horario habían tenido efectos sobre el número de ataques cardíacos entre 1987 y el 2006. Compararon el número de dichos ataques en cada uno de los siete días después del cambio de horario con el día correspondiente dos semanas antes y dos semanas después.
En total, en la semana posterior al cambio de horario primaveral, donde se pierde una hora de sueño, había un aumento del 5% en los ataques cardíacos, con 6% el lunes y miércoles y 10% el martes. En la semana posterior al cambio de horario otoñal, donde se gana una hora, el número de ataques cardíacos era aproximadamente igual, excepto el lunes, que registraba una declinación del 5%.
“El hallazgo de que la posibilidad de sueño adicional parece ser beneficiosa en el primer día laboral después del cambio otoñal es interesante”, escribieron los autores.
Los médicos saben desde hace tiempo que el lunes en general es el peor día para los ataques cardíacos, y generalmente lo atribuyen al estrés de una nueva semana de trabajo y al aumento de actividad. Los investigadores suecos dijeron que su estudio sugiere que la menor pérdida de sueño que ocurre en los fines de semana ordinarios _cuando la gente se acuesta más tarde el domingo y se levanta temprano el lunes_ también podría ser un factor contribuyente.
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