Sin embargo, señaló que deberían existir pautas prácticas para limitar el uso no laboral.
“Las prohibiciones en Facebook o YouTube son casi siempre imposibles de implementar; las empresas podrían tratar de establecer un límite de tiempo en las cantidades de minutos permitidos cada día para conversar”, escribió el autor.
“La respuesta no es cerrar el acceso a plataformas de conexión social, tampoco es invertir a ciegas en plataformas de cooperación. Más bien argumentamos que necesitamos comprender, una vez que aceptamos las consecuencias de redes sociales, cómo podemos manejar los nuevos desafíos”, añadió.
Su investigación llegó a la conclusión de que tratar de controlar el uso de sitios como Facebook, que por sí solo cuenta con más de 100 millones de usuarios en todo el mundo, incluso podría perjudicar a las organizaciones.
Algunas empresas han reconocido que las redes sociales no pueden separarse fácilmente de las redes “profesionales”.
“En el difícil ambiente de negocios de la actualidad, la reacción instintiva puede ser la de cerrar las escotillas y volver a los tradicionales de ‘comando y control’ que permiten monitorear y medir la productividad”, dijo el autor.
“Permitir que los trabajadores tengan más libertad y flexibilidad podría parecer ilógico, pero sin embargo parece crear negocios más capaces de mantener la estabilidad”, agregó.
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